
PROFESORES DIRECTORES
Alfredo Musri Espinoza
Cuando conocí el teatro tenía once años y me abrió un mundo y un horizonte que, aun ahora que han pasado treinta, no termino de abarcar, ni con lo que me queda de vida tal vez. Es por eso que el primer acercamiento es vital para el desarrollo posterior pues de él dependerá que el alumno siga en el mágico camino hacia destinos mucho más profundos y enriquecedores o quede en la superficie con el conocimiento básico de “tareísmo”, (es decir un montaje escolar y punto). En la figura del profesor-director se basa el proceso de “significación” que un alumno adquiere y que será trascendental para su futuro.
La pregunta es ¿cómo un profesor puede crear significación en sus alumnos?
Para responder, en parte, se puede mencionar a Freud, quien nos dice que los organismos tendemos al principio del placer, aunque (a veces) tengamos que experimentar un displacer previo para conseguirlo. Los seres tendemos al equilibrio, a la armonía, a volver al seno materno, libres de preocupaciones y necesidades. Pero, como no es posible, el aparato psíquico busca esa armonía asociándola con actividades que satisfagan esa necesidad. En nuestro caso, la actividad teatral apunta directamente a esa consecución pues su base de apoyo principal es el juego (de múltiples formas) y el juego está íntimamente asociado al goce. Por tanto, si la actividad realizada es placentera, su huella en los esquemas mentales estará insolublemente grabada como para aparecer con fuerza en todo momento de la vida de un individuo, haya seguido por el camino del teatro o no.
La experiencia nos marca, más aun si está realizada durante la etapa escolar, donde el cerebro recibe estímulos externos e internos con mucha más permeabilidad que en el adulto. Es vital la figura del Profesor, quien puede concebir la formación de la significación de los elementos en la experiencia de sus estudiantes. De él dependerá, en un alto grado, que esas “experiencias constructivas” signifiquen algo en el individuo, haciendo sus actividades tomando en cuenta las muchas “experticias” que requiere la disciplina. Planificando y perfeccionando sus estrategias de enseñanza para hacer más efectivo su trabajo ya que la planificación es la mediadora entre el pensamiento y la acción posterior.
La pregunta es ¿cómo un profesor puede crear significación en sus alumnos?
Para responder, en parte, se puede mencionar a Freud, quien nos dice que los organismos tendemos al principio del placer, aunque (a veces) tengamos que experimentar un displacer previo para conseguirlo. Los seres tendemos al equilibrio, a la armonía, a volver al seno materno, libres de preocupaciones y necesidades. Pero, como no es posible, el aparato psíquico busca esa armonía asociándola con actividades que satisfagan esa necesidad. En nuestro caso, la actividad teatral apunta directamente a esa consecución pues su base de apoyo principal es el juego (de múltiples formas) y el juego está íntimamente asociado al goce. Por tanto, si la actividad realizada es placentera, su huella en los esquemas mentales estará insolublemente grabada como para aparecer con fuerza en todo momento de la vida de un individuo, haya seguido por el camino del teatro o no.
La experiencia nos marca, más aun si está realizada durante la etapa escolar, donde el cerebro recibe estímulos externos e internos con mucha más permeabilidad que en el adulto. Es vital la figura del Profesor, quien puede concebir la formación de la significación de los elementos en la experiencia de sus estudiantes. De él dependerá, en un alto grado, que esas “experiencias constructivas” signifiquen algo en el individuo, haciendo sus actividades tomando en cuenta las muchas “experticias” que requiere la disciplina. Planificando y perfeccionando sus estrategias de enseñanza para hacer más efectivo su trabajo ya que la planificación es la mediadora entre el pensamiento y la acción posterior.
Si un profesor planifica coherentemente tiene la posibilidad de movilizar las piezas como en un juego de ajedrez, donde algunas se pueden movilizar de uno en uno, y otras libremente. Esa posible adecuación y readecuación del material permite concebir al alumno como un agente de su propio aprendizaje, guiado por un principio, al que el maestro le agrega el componente lúdico y placentero.
La actividad Pedagógico Teatral permite, se podría afirmar fehacientemente, mucho más que otras disciplinas, desarrollar la eficacia para construir esquemas mentales profundos en los estudiantes, dada su naturaleza, que permite trabajar desde distinto ángulos para llegar al objetivo (sea éste de proceso o de resultado), es decir, puede “deconstruir” su trabajo y acceder con ello a mayor cantidad de personas con experiencias significativas.
La actividad Pedagógico Teatral permite, se podría afirmar fehacientemente, mucho más que otras disciplinas, desarrollar la eficacia para construir esquemas mentales profundos en los estudiantes, dada su naturaleza, que permite trabajar desde distinto ángulos para llegar al objetivo (sea éste de proceso o de resultado), es decir, puede “deconstruir” su trabajo y acceder con ello a mayor cantidad de personas con experiencias significativas.
LA EVALUACION
La evaluación en teatro debe ser, antes que todo, una forma más de aprendizaje para jóvenes y niños. El concepto de evaluación debe ampliarse y ser una instancia de detención y revisión del trabajo que se ha planificado. Pensando en esto, el docente puede utilizar diversas formas de evaluación y diversos instrumentos para que le ayuden al alumno y al grupo en su progresión. Esta actividad, si se desempeña al interior de la sala de clases como una asignatura (NM3)[1], puede llevar una calificación (parcial y final). Si es un taller, posiblemente, no llevará una calificación que incida en el desempeño curricular de los alumnos y en su promoción escolar, pero ambas situaciones tendrán el acento en lo cualitativo, en lo constructivista, en lo formativo, en el uso de la evaluación para que el alumno crezca, se fortalezca, revise su trabajo, reflexione y busque nuevas formas de solución a sus problemáticas, es decir, como lo plantea Vigotzky, crear “andamiajes” que le sirvan como base para el futuro trabajo. De todas formas, sea una evaluación cualitativa o cuantitativa, en el teatro no debe cambiar su naturaleza educativa. Debe ser constante durante todo el proceso (ya sea asignatura, taller extra escolar o taller complementario a otra asignatura), al inicio, mes a mes, al finalizar el año, pero sobre todo, debe estar en coherencia con los objetivos que el profesor de teatro ha planeado al comienzo en su planificación. La evaluación sirve para retroalimentar y verificar si el camino que tomamos es el correcto o hay que buscar otra vía. Si planteamos, por ejemplo, logros de impostación de voz o expresión corporal o el montaje de una pieza teatral, es vital detenerse con periodicidad a revisar esta coherencia del trabajo para reforzarlo o continuar adelante.
La evaluación en teatro debe ser, antes que todo, una forma más de aprendizaje para jóvenes y niños. El concepto de evaluación debe ampliarse y ser una instancia de detención y revisión del trabajo que se ha planificado. Pensando en esto, el docente puede utilizar diversas formas de evaluación y diversos instrumentos para que le ayuden al alumno y al grupo en su progresión. Esta actividad, si se desempeña al interior de la sala de clases como una asignatura (NM3)[1], puede llevar una calificación (parcial y final). Si es un taller, posiblemente, no llevará una calificación que incida en el desempeño curricular de los alumnos y en su promoción escolar, pero ambas situaciones tendrán el acento en lo cualitativo, en lo constructivista, en lo formativo, en el uso de la evaluación para que el alumno crezca, se fortalezca, revise su trabajo, reflexione y busque nuevas formas de solución a sus problemáticas, es decir, como lo plantea Vigotzky, crear “andamiajes” que le sirvan como base para el futuro trabajo. De todas formas, sea una evaluación cualitativa o cuantitativa, en el teatro no debe cambiar su naturaleza educativa. Debe ser constante durante todo el proceso (ya sea asignatura, taller extra escolar o taller complementario a otra asignatura), al inicio, mes a mes, al finalizar el año, pero sobre todo, debe estar en coherencia con los objetivos que el profesor de teatro ha planeado al comienzo en su planificación. La evaluación sirve para retroalimentar y verificar si el camino que tomamos es el correcto o hay que buscar otra vía. Si planteamos, por ejemplo, logros de impostación de voz o expresión corporal o el montaje de una pieza teatral, es vital detenerse con periodicidad a revisar esta coherencia del trabajo para reforzarlo o continuar adelante.
[1] “Artes Escénicas” se encuentra en 3° y 4° medio Plan Diferenciado. Decreto Supremo N° 344. Mineduc – Chile desde enero de 2002.
Como docente de teatro se debe eliminar totalmente la evaluación punitiva, castigadora, segregacionista. Todos los alumnos son aprendices en progreso, por tanto, una evaluación castigadora puede inhibir o, en muchos casos, coartar para siempre talentos que, por lo común, no son un “regalo divino” sino productos de arduo trabajo.
El teatro, más bien la Pedagogía Teatral, elimina los conceptos tradicionales negativos como: malo, insuficiente, deficitario, no logrado, irregular, insatisfactorio, etc., pues son conceptos que mutilan el aprendizaje y el desarrollo de las propias potencialidades. Estos conceptos pueden ser renovados por un par más simple pero mucho más constructivista, como por ejemplo: “en vías de logro” o “en proceso”. No debe existir el nunca, pues los seres humanos avanzamos por el mundo según nuestras propias velocidades individuales, donde unos marchan a 100 y otros a 20, mas ambos marchan.
El teatro, más bien la Pedagogía Teatral, elimina los conceptos tradicionales negativos como: malo, insuficiente, deficitario, no logrado, irregular, insatisfactorio, etc., pues son conceptos que mutilan el aprendizaje y el desarrollo de las propias potencialidades. Estos conceptos pueden ser renovados por un par más simple pero mucho más constructivista, como por ejemplo: “en vías de logro” o “en proceso”. No debe existir el nunca, pues los seres humanos avanzamos por el mundo según nuestras propias velocidades individuales, donde unos marchan a 100 y otros a 20, mas ambos marchan.
Me surge la idea de que la dirección teatral en la educación (y la educación en general), es como el engranaje de un reloj; si las piezas principales no se aceitan, se limpian, se mudan por otras más nuevas, pasará que el mecanismo entero termine deteniéndose. El movimiento pedagógico teatral debe empezar por arriba, por que quienes hacen Pedagogía Teatral sean especialistas en ambas áreas, así irá el conocimiento traspasando a los niveles educativos más básicos en forma sólida y lograr hacer de esta sociedad una más educada en la apreciación artística.
La dirección del taller o asignatura de teatro con jóvenes pretende no necesariamente formar actores sino formar en la cultura teatral a la población de educandos básicos y medios, que suman alrededor de tres millones en Chile. Si formamos en el arte teatral a tres millones, sin duda que en unos pocos años, tanto los espectadores cultos como los trabajadores del arte teatral, tendrán un nivel muy por sobre el de los países que no han empezado este proceso educativo.
La dirección del taller o asignatura de teatro con jóvenes pretende no necesariamente formar actores sino formar en la cultura teatral a la población de educandos básicos y medios, que suman alrededor de tres millones en Chile. Si formamos en el arte teatral a tres millones, sin duda que en unos pocos años, tanto los espectadores cultos como los trabajadores del arte teatral, tendrán un nivel muy por sobre el de los países que no han empezado este proceso educativo.
Abrazos Gigantes.
Alfredo Musri